diumenge, 23 de novembre del 2008

...

“Me tomaste en tus brazos. De nuevo pasé contigo toda una noche encantadora; pero tampoco en la desnudez de mi cuerpo me conociste. Me abandoné dichosa a tus caricias y pude comprobar que tu amorosa fogosidad no establecía ninguna diferencia entre una verdadera amada y una mujer cualquiera; comprobé que te brindabas con pródiga abundancia de tu ser. ¡Fuiste tan cariñoso, tan tierno para mí, a quien habías encontrado en un lugar de recreo nocturno; tan distinguido y al mismo tiempo tan sencillo! Otra vez, ciega de felicidad, sentí la dualidad de tu persona, tu pasión intelectual y sexual que desde niña me había intrigado. Jamás he conocido en ningún hombre con tanta ternura en tan grande explosión de su intimidad, apagada, sin embargo, después de un olvido infinito y casi inhumano. Pero también yo me olvidé. ¿Quién era yo en la oscuridad a tu lado? ¿Era la niña ardiente de otra época, era la madre de tu hijo, o era una extraña? ¡Ah, todo me resultaba tan familiar, tan ya vivido y al mismo tiempo tan nuevo en aquella apasionada noche! Recé porque nunca terminase."


Cartas de una desconocida - Stefan Zweig

Me siento bien

No le tengo miedo al miedo, eso es de covardes. No tengo miedo a perderte, tengo muchas mas cosas en mi vida. Tan siquiera le tengo miedo a estar sola, asi tengo tiempo para mi. En el fondo, soy la unica a la que soporto, y la unica que me soporta. No tengo porque hablar con nadie, yo me digo lo que quiero oir. No tengo porque ir con nadie, yo me hago compañia. No tengo porque tener relaciones con nadie, yo sola me entrego el máximo de los placeres.
Si me buscas, estare conmigo misma.